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Todos los candidatos durante la última campaña electoral dieron prioridad al desarrollo del riego. La seca que había sufrido el país ameritaba. El tema estaba candente, por primera vez la gran ciudad había sufrido por la falta de lluvias, se había dado cuenta de lo precaria de la situación.

Sin entrar a analizar las razones, lo cierto es que cada vez son más frecuentes los períodos de sequía, muchos de ellos no son graves, otros si, pero todos se llevan kilos de rendimiento, algunos poco, otros mucho, y a veces, se llevan todo.

Si apostamos a un crecimiento sustentable del sector agrícola el riego debería extenderse por el territorio de la misma forma que lo hicieron las líneas de UTE décadas atrás. Los canales deben convertirse en las arterias que alimenten nuestra tierra del liquido vital y las políticas de Estado deberían facilitar esto.

La servidumbre de paso para construir esos canales debería ser regulada, cuidando a todas las partes, pero de la misma forma que la ley protege a la UTE cuando va a tender una línea y a nadie se le ocurre intentar impedirlo, así debería ser con el agua. Si se inunda una zona con monte indígena para embalsar agua deberían estar claros los mecanismos de compensación por resiembra en otro sector. No puede depender del técnico de turno del MGAP o Ambiente. Obviamente también debería estar previsto donde se puede embalsar y cuanto monte se puede afectar. Reglas claras, poca burocracia y multas a los infractores, que siempre son los menos.

Y nombramos en primer lugar la agricultura por el volumen que mueve, pero esas arterias también deben alimentar y transformar la lechería, la granja y la ganadería. Cómo se hace el trabajo, ya lo sabemos, el sector arrocero mostró el camino y también espera para poder crecer. Agua sobra, la mayor parte de lo que llueve durante el año va a parar al mar, se saliniza, se pierde.

El gobierno actual creó un área específica en Torre Ejecutiva, y nombró al ex ministro Aguerre para dirigirla. Un arrocero, un conocedor del manejo del agua. El Presidente de la República en su discurso del 1 de marzo anunció nuevamente la necesidad de un Plan Nacional de Aguas, pero por el momento solo circula el rumor de que se haría la represa proyectada en Arroyo del Águila, cerca de Dolores, para regar 9000 hectáreas. Sería un comienzo, pero no refleja los anuncios de la campaña electoral.

Hay otros proyectos de represas como Palo a Pique que no solo permiten regar grandes superficies, sino que también brindarían un servicio de amortiguación cuando llueve mucho, evitando, en este caso, las inundaciones que sufre la ciudad de Treinta y Tres periódicamente. Otro proyecto volcaría agua en India Muerta de donde ya sale una red de canales que permitiría aumentar el área de arroz solamente por el aumento del volumen de agua disponible.

Las grandes represas sobre el Rio Negro, antes vitales para generar energía eléctrica, hoy utilizadas como reserva o seguro para momentos puntuales, son otra opción. Hay estudios técnicos que sostienen que Rincón del Bonete es estratégica, por la planta de UPM y porque su agua pasa también por las otras represas, generando energía las tres veces.

¿Porque no cambiarle el destino al agua de los embalses de Baygorria y Palmar?

El daño ambiental que provocó la inundación de esas tierras y el monte indígena, ya está hecho. No parece lógico que se invierta en otras represas hasta que se hayanutilizado de manera responsable y eficiente estas enormes reservas.

Ute debería seguir administrándolas, cobrando un canon por cada metro cúbico entregado para acumular las reservas económicas que le permitan generar desde punta del Tigre si, en ultima instancia, llega a ser necesario. Por otro lado, es la mejor inversión que puede hacer, ya que cada hectárea regada provocará ingresos por venta de energía.

Pongamos a producir toda esa agua y la que dejamos correr hacia el mar. No podemos perder más el tiempo.

 

Conrado Ferber Artagaveytia

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